29.7.12
jardinera aficionada
Aunque vivo en un clima templado donde los inviernos tienen muchos días soleados y sólo un poco de escarcha, nuestro jardín era casi vacío el invierno pasado. A lo largo del cerco las plantas no recibían un rayo del sol, y todo parecía oscuro y mojado. Era difícil imaginarse el verano anterior, cuando el cerco estaba cubierto con las hojas grandes de viñas de calabaza, los tomates estaban cargados de fruta, y por todas partes florecían plantas de colores brillantes, entre las cuales zumbaban las abejas.
La tierra de nuestro jardín tiene mucho arcilla; si no aumentamos la tierra con abono, la tierra se convierte en cemento. En la primavera, cuando el jardín todavía era casi vacío, compramos y movimos una tonelada de abono (y nuestros vecinos tuvieron que aguantar el olor por una semana). Esta tarea maloliente resultó en un jardín magnífico este verano. Pronto brotaron las plantas, y ahora los arriates están rebosando con ejotes, tomates, pepinos, berenjenas, pimientas, calabazas y flores.
Ahorrita voy a sacar unas fotos del jardín para que me recuerden de los colores, aves, abejas, y abundancia de vida del verano.
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