(Una tarea para clase - estamos aprendiendo pronombres relativos.)
El burro y las cabras
Había una vez un
burro joven que le dijo a su madre, "Mamá,
no me gusta comer estos cardos, que pican mi naríz, y me hacen estornudar." "Pero mi hijo" dijo la madre, "el
cardo es la comida que todos los burros comen." "No me importa" dijo el burro joven.
"Voy a buscar lo que me gusta comer." Así el burro salió del campo de los burros, y
entró en un bosque cuyos árboles eran grandes y tupidos, debajo los
cuales la sombra era tan oscura que no podía crecer ni siquiera una hoja de
hierba. El burro tenía hambre, pero no pudo
encontrar nada para comer. Entonces vio
unos pájaros pequeños, los cuales estaban volando entre las ramas de los
árboles. "¡Oye!" El burro
llamó a los pájaros. "¿Qué hay de comer
aquí?" Un pájaro respondió, "Por
supuesto, hay muchos insectos volantes, de los que puedes comer tantos
como quieras." "¡Bah!"
dijo el burro. "Aún si pudiera atrapar esos insectos, no me gustaría comerlos." Y siguió andando. Después de unas horas llegó a la orilla
arenosa de un río, del cual el cauce estaba cubierto con piedras. El burro tenía mucho hambre. Bebió del agua, pero no vio nada de
comer. Vio un pez en el agua, y le
preguntó, "Señor Pez, hay algo de comer por aquí?" El pez le respondió, "¡Por supuesto,
señor Burro! ¿Ve Ud. esas piedras, las cuales hay sobre todo el cauce de
este río? Allí crecen algas deliciosas, las cuales se pueden comer." "¡Ugh!" dijo el burro. "Me
parece que tengo que continuar andando." Y el burro cruzó el río. Después de un rato, llegó al borde de una
llanura seca, en la tierra dura de que no crecía ni hierba ni arbusto,
pero sólo un pequeño árbol, casi sin hojas, en el cual estaba una
bandada de cuervos, y más extraño, estaban también algunas cabras moteadas, las
cuales estaban ocupadas comiendo algo en las ramas. Esto le sorprendió el burro, porque había
conocido a una cabra en su campo de hogar, pero él andaba por la tierra y comía
cardos como hacían los burros. El burro
tenía tanto hambre, que creyó que no podría alcanzar el árbol, pero lo
hizo. "Disculpe" les dijo a
las cabras, "¿Hay algo para comer aquí?" Los cuervos rieron. Las cabras no hicieron caso, sino seguían comiendo. "¡Ay! Estoy muriendo de hambre!"
gritó el burro. "Hay algo para comer?" Una cabra vieja alzó su cabeza cornuda y gruñió,
"¡Zoquete! ¿Qué crees que estamos haciendo?"
El día próximo
llegó a la llanura la madre del burro joven, la cual había estado muy
preocupada con su hijo errante. Le
sorprendió mucho a encontrar su hijo en las ramas de un árbol, con un rebaño de
cabras y una bandada de cuervos. "¿Mi
hijo, que haces allí?" le llamó al burro joven. "¡Estoy desayunando!" vino la respuesta. "En el país donde fueres, haz lo que
vieres."
