Me siento desanimada sobre el aprender de español. No tengo ni una clase ni un grupo de conversación ahora; no hablo la lengua nunca, salvo una vez por semana en la estación de radio donde trabajo como voluntaria. Le dije a la mujer con que trabajo "No puedo hablar, no puedo conjugar nada." Ella, quien ha hablado español desde su niñez, me respondió "Por eso siempre hablo en el presente." Eso parece como una observación reveladora. Soy una persona que casi nunca habla en lenguaje sencillo. En mi familia no hablabamos de las emociones; si hubiera hablado de mis sentimientos, mis padres habría sido despectivos. ¿Cómo se puede hablar sin expresar las emociones? Pues, se puede hablar indirectamente o sólo habla de los hechos.
Sin embargo cuando trato de hablar en español como en inglés tropiezo constantemente. No tengo la fluidez para hacerlo. Esta manera de hablar depende en la capacidad de dar muchas matices al lenguaje.
Por otra parte, la susodicha mujer habla con libertad en los dos idiomas. "Lloro por todas razones," me dijo ayer. "Lloro de alegria, de tristeza, de todo." Ella me contaba de su experiencia en una carpa de sudación, en la cual tuvo miedo al principio, pero después sentía dolor, agradecimiento - tantas emociones, una cartarsis - y rezó por todos que quedaban en su corazón. Era una experiencia espiritual poderosa.
Nuestra profesora de español nos citó "Saber una segunda lengua es tener una segunda alma." He estado tratando de encontrar esta segunda alma por otros senderos, pero la cosa esencial es no tener miedo de expresar su propio corazón, y tener respeto suficiente por si mismo que no le importa tanto lo que piensen otras.
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